
Título original: Rise of the planet of the apes.
Género: Ciencia ficción.
Calificación: Apta para mayores de 13 años.
Duración: 105 minutos.
Dirección: Rupert Wyatt.
Guión: Ricky Raffa y Amanda Silver.
Reparto: James Franco, John Lithgow, Tom Felton, Brian Cox, Freida Pinto y Andy Serkis.
El francés Pierre Boulle publicó en 1963 la novela El planeta de los simios, la cual fue llevada al cine en 1968 por Franklin Schaffner y protagonizada por Charlton Heston. Durante los años venideros, dicha cinta se vería continuada por cuatro películas más: Regreso al planeta de los simios (1970), Huida del planeta de los simios (1971), La rebelión de los simios (1972) y La conquista del planeta de los simios (1973). La franquicia además incluyó dos series de televisión de corta duración en 1974 y 1975. Luego de muchos años, en 2001, Tim Burton llevó a la pantalla grande una fallida remake de la película original de 1968.
La película puede dividirse en dos grandes mitades. En una perfecta primera mitad se nos conecta lentamente con los sentimientos de Caesar a medida que se nos muestra la evolución de su personaje a lo largo de los años. Así vemos excelentemente plasmado el fuerte vínculo entre Will y Caesar, que va más allá de las palabras. Al principio Caesar es feliz en su casa, hasta que finalmente logra percatarse de que algo es diferente en él. No es un ser humano, pero tampoco es una mascota. Entonces, ¿qué es? Todo empeora cuando, luego de un desafortunado malentendido en el que Caesar desata su furia por defender al padre de Will, es llevado lejos de su casa y obligado a estar con otros simios comunes y corrientes. Como un niño alejado de su madre, Caesar sufre mucho en aquel lugar, encerrado en su jaula y maltratado por el malvado cuidador interpretado por Tom Felton. El sentimiento de alienación y soledad de Caesar alcanza al espectador en estas desgarradoras escenas y, por lo menos a mí, me partió el alma ver como Caesar debe soportar en áquel horrible lugar sin poder comprender por qué no puede regresar a casa con su familia. Sus ojos repletos de lágrimas cada vez que Will lo visita y el desprecio de los otros simios al ver que Caesar es diferente a ellos es algo que realmente me llenó de profunda tristeza.
Los efectos visuales son sublimes y, si bien en muy breves ocasiones uno logra percatarse de que los simios no son reales, el trabajo de Andy Serkis interpretando a Caesar nos hace pasar por alto cualquier mínima imperfección. Por otra parte, me hubiese gustado ver más emoción en el personaje de James Franco. Si bien el actor lleva adelante sus escenas con propiedad, el guión pareciera insistir en un Will carente de sentimientos que no derrama ni una sola lágrima ante los duros momentos que debe atravesar a lo largo del largometraje.
La escena final es la que verdaderamente da nombre a la película y, si bien para mí no hay nada más que decir luego de lo visto en esta presentación, quizás veamos pronto una secuela intentando continuar sacando jugo a esta trascendente saga que ya tiene más de cincuenta años.
7 - Buena
